La noche se hace silencio mientras el vía crucis del Cristo de la Caridad avanza entre miradas encendidas por la fe. La luz temblorosa de las velas dibuja rostros que rezan en silencio, como si cada llama fuese un latido compartido. El Señor, sereno en su dolor, atraviesa la oscuridad sostenido por la devoción de quienes lo acompañan paso a paso. En esas caras iluminadas se mezclan generaciones, promesas y esperanzas, todas unidas por un mismo hilo invisible. Sevilla se detiene, y en la penumbra sagrada de la noche, la fe se vuelve luz que guía y consuela.