Capilla musical de Toledo en la Catedral de Sevilla: melódica liturgia, al fin

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El nuevo diseño de ABC impide titular esta crónica como se merece: con mayúsculas. Porque músicas litúrgicas hay muchas (algunas para salir corriendo, la verdad sea dicha), pero cuando se interpreta con el conocimiento del culto, la maestría musical y la fe añadida con que lo hizo la Capilla musical de la Diócesis de Toledo, el resultado no es otro que Música Litúrgica de una vez. ¡Cuánto debieran aprender quienes toman la música de la liturgia como un pretexto para su propio lucimiento o quienes, despreciando las claves catequéticas, hacen pasar bandas sonoras y hasta canciones pop como acompañamiento de algo tan grande como el oficio divino! Claro, cuando uno encuentra una misa cantada bien construida y mejor interpretada, el resultado es una delicia para los oídos. Y ojo, porque estamos hablando de música contemporánea, pero compuesta e interpretada como expresión de una vivencia de fe: de lo que rebosa el corazón, canta la boca. La capilla musical de Toledo, con más de dos décadas de andadura, había estado el día anterior ofreciendo un concierto cuaresmal en clave de oración en el ciclo 'Tramos de Cuaresma' de Cajasol. Y algunas piezas las volvieron a interpretar al día siguiente en la misa de 13 ante el altar mayor de la Catedral, porque no querían despedirse de Sevilla sin elevar su alabanza en un templo. No es cualquier cosa, aquí vinieron con teclado, violines, violas, contrabajo, trompas, flautas traveseras, clarinete, oboes, xilófono y percusión además de una cuarentena de voces. La Providencia quiso que interpretaran como canto de entrada el 'Heme aquí' de Marco Frisina sobre el que el canónigo oficiante, el anterior maestro de capilla durante casi cuatro décadas Herminio González Barrionuevo, tenía algo que decir: «Es una traducción mía y también hice la adaptación a cuatro voces porque no me gustaba la que había». Con tanta emoción por lo que escuchaba, a don Herminio se le olvidó la signación trinitaria del introito. La interpretación combinó latín (kyrie, sanctus, agnusdéi de la misa de San Juan) y español (salmo 50, versículo antes del Evangelio, ofertorio, comunión y salida). En el miserere se vio el gusto de la capilla por engrandecer la liturgia: una de las voces salmodió a capella la antífona compuesta por el director de la formación, Javier Moreno, y luego fue leyendo los versículos mientras la capilla cantaba el responsorio. ¿Tan difícil es hacer eso mismo cuando hay tenores y sopranos ambientando una ceremonia religiosa en vez de dejar al laico de turno leyendo como un papagayo? Ningún canto se excedió ni el oficiante tuvo que esperar a que acabara la música en ningún momento. Parece fácil, pero no lo debe de ser, a tenor de lo que se ve por ahí. El canto de comunión, majestuoso a pesar de los desajustes con la megafonía, terminó justo con el reparto, como si estuviera cronometrado, y ahí el órgano reclamó su protagonismo para que los intérpretes pudieran comulgar. Para tomar nota también. De la homilía de don Herminio diremos que se alargó más de la cuenta (casi rozando el cuarto de hora) aunque se ciñó bastante al Evangelio de las tentaciones, que identificó con lo material, la ostentación y la ideología, salvo en dos digresiones que se le fueron de las manos con la boda de Caná y el pecado original de la primera lectura. «Le pedimos al Señor que nos haga ver estas tentaciones que sufrimos constantemente porque nosotros estamos muy limitados», dijo con gallardía antes de revelar que muchos penitentes, en el confesionario, se dedican a relatar los pecados de los demás en vez de los propios. Asunto que daría para unos ejercicios cuaresmales, sin duda. El final fue apoteósico. La capilla toledana ofreció el 'Laudate Dominum' de Jesús Alberto Luna (organista), una de las dos almas de la formación musical, que habían interpretado en el patio de Cajasol la noche anterior. Pero allí, en la Catedral, una vez acallados los chirridos del desmontaje de la función del Baratillo que se oían de lejos, sonó y resonó como la exquisita música litúrgica que es: con mayúsculas. El pueblo fiel se quedó con las ganas de dedicarles una cerrada ovación que aquí ponemos por escrito.