Durante años, el quincho fue territorio de asado, humo y reunión. Un espacio eminentemente práctico, muchas veces dominado por materiales duros: ladrillo a la vista, cemento alisado, techos pesados. Sin embargo, en la última década comenzó a gestarse una transformación. El quincho dejó de ser únicamente parrilla y mesa larga para convertirse en ambiente híbrido, a mitad de camino entre interior y jardín. La clave de esta mutación es introducir vegetación estructural. No se trata de sumar pequeñas macetas decorativas, sino de plantar con intención espacial. Un ficus de interior/exterior en maceta profunda puede elevar visualmente un techo bajo. Una strelitzia aporta hojas escultóricas que dialogan con vigas de madera. Los bambúes generan pantalla verde y movimiento sonoro cuando el viento se cuela. Cuando el techo se planta, la arquitectura se vuelve blanda. Las hojas filtran luz, refrescan el ambiente y aportan movimiento donde antes sólo había estructura.Las enredaderas cumplen un rol fundamental. Cuando se guían sobre vigas o tensores metálicos, convierten un techo rígido en superficie viva. El cambio no es sólo visual: la temperatura desciende, la luz se filtra y el aire se vuelve más amable. El quincho deja de sentirse cerrado para empezar a respirar verde. El diseño japonés ofrece una enseñanza valiosa para estas reconversiones: el poder del vacío. No todo debe llenarse de plantas. Un solo ejemplar bien elegido, una piedra significativa o un banco de madera pueden generar foco y serenidad. La vegetación entonces enmarca, no invade. El verde útil suma perfume y sabor. Cortar hierbas frescas a un paso del fuego convierte la cocina exterior en experiencia multisensorial.Las huertas aromáticas son otro recurso infalible. Tener romero, albahaca, tomillo o menta al alcance de la mano transforma la experiencia culinaria. El perfume se mezcla con el humo de la parrilla y el espacio adquiere identidad sensorial. Convertir un quincho en jardín cubierto no requiere necesariamente grandes obras. A veces basta con modificar iluminación, sumar maceteros generosos y abrir visuales hacia el exterior. El resultado es un ambiente donde la reunión se prolonga más allá del clima, un espacio donde el verde deja de ser accesorio para convertirse en atmósfera permanente. Agradecemos a LIVING su colaboración en esta nota.