Nada se ha aprendido de la tragedia vasca. Durante más de medio siglo, entre 1971 y el presente, el campo abertzale se ha venido fragmentando incesantemente en grupúsculos y corpúsculos de grupúsculos: ETA, por supuesto, y sus organizaciones ancilares, que ya en la Transición habían devenido una sopa de siglas, pero también el PNV. Esta tendencia llevó al paroxismo lo que fue un achaque del nacionalismo vasco desde su origen. Sin embargo, lejos de debilitar a este y arrastrarlo a su desaparición, produjo todo lo contrario: una metástasis incontrolable que terminó por apoderarse de todo el electorado. Las opciones no nacionalistas de izquierda se fueron asimilando al nacionalismo hasta confundirse con él, y las de derecha se desvanecieron en ambas... Ver Más