Desde hace casi dos siglos, las izquierdas conviven con desavenencias y dificultades para forjar alianzas duraderas que impulsen los procesos de transformación que proclaman. Las disputas entre ellas —cuando no el desprecio o el enfrentamiento— han sido constantes. Es cierto que la división entre corrientes que se suponen hermanadas no es exclusiva de las izquierdas. Las religiones llevan siglos escindiéndose;