Spinosaurus mirabilis: el “ave zancuda del infierno” que obliga a repensar al gran depredador acuático

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En un lugar que hoy parece hecho solo de arena, silencio y horizonte, un equipo de paleontólogos encontró piezas que cuentan una historia muy distinta. En Jenguebi, una zona remota del Sahara en Níger, han aparecido fósiles de una nueva especie de Spinosaurus. El descubrimiento, divulgado por Reuters y descrito en la revista Science, pone nombre y rasgos propios a un animal que ya era famoso, pero que ahora se vuelve más interesante: Spinosaurus mirabilis.La escena que dibujan los investigadores es casi cinematográfica. Hace unos 95 millones de años, ese paisaje no era el desierto que imaginamos hoy, sino un entorno interior con vegetación y ríos. Allí, este gigante habría patrullado las orillas como una garza enorme, solo que con 12 metros de largo y entre 5 y 7 toneladas. Uno de los científicos lo describió como una especie de “hell heron”, una “garza infernal”: la metáfora funciona porque ayuda a visualizar su estilo de caza, más de acecho y zancada en aguas someras que de persecución marina a gran profundidad.Qué hace diferente a esta nueva especie de SpinosaurusLa etiqueta “mirabilis” no es un capricho. El rasgo más llamativo es una cresta ósea en la parte superior del cráneo, alta y curvada como una cimitarra, de unos 50 centímetros. Es un detalle que cambia el perfil del animal y que, por sí solo, habría sido suficiente para levantar cejas en cualquier museo. A ese adorno se suman características que afinan el retrato: un hocico más alargado que el de su pariente más conocido, dientes más separados entre sí y patas traseras relativamente más largas.Lo importante aquí es que no se trata de “otro Spinosaurus más”, sino de la segunda especie reconocida del género. La primera, Spinosaurus aegyptiacus, se nombró en 1915 a partir de fósiles de Egipto. Desde entonces, el género se volvió un icono popular —con mucha ayuda del cine— y también un rompecabezas científico, porque cada nuevo resto parecía empujar la interpretación en una dirección distinta. Con Spinosaurus mirabilis, el rompecabezas suma una pieza grande y con bordes muy definidos.Una máquina diseñada para comer peces, no para pelear con otros dinosauriosSi alguna vez has intentado atrapar un pez con las manos en un río, sabes lo resbaladizos y escapistas que son. La boca de este animal parece pensada para resolver justo ese problema. Los investigadores destacan unos dientes grandes, cónicos y sin serraciones que encajan entre sí cuando muerde, un sistema llamado interdigitación. Dicho en versión cocina: como si el cierre de la mandíbula fuera una cremallera de colmillos, diseñada para que la presa no encuentre por dónde escurrirse.El coautor Daniel Vidal, de la Universidad de Chicago y la UNED (España), lo expresa con claridad: esos dientes forman una especie de “trampa para peces”, ideal para perforar y sujetar presas resbaladizas. Este tipo de adaptaciones tan extremas sugieren que, dentro del menú, el pescado era la apuesta segura. La idea de un depredador especializado encaja con el resto del cuerpo: hocico alargado tipo cocodrilo, hábitos vinculados al agua, y esa imagen de cazador de orilla que entra y sale del río con paciencia.La cresta: más escaparate que armaLa cresta de Spinosaurus mirabilis es tentadora para imaginar duelos espectaculares, pero los científicos no van por ahí. Señalan que parece demasiado frágil para funcionar como arma. Aun siendo hueso sólido, carece de señales que sugieran que resistía impactos como un “ariete”. Por eso la hipótesis principal es la de exhibición: una estructura para comunicar, intimidar o atraer.Aquí entra una comparación cotidiana útil: piensa en el plumaje de un pavo real o en la cornamenta de ciertos mamíferos. No siempre están hechos para pelear; muchas veces sirven para “hablar sin palabras” en clave de cortejo o de competencia territorial. Paul Sereno, paleontólogo de la Universidad de Chicago y autor principal del estudio, lo resume con una frase que baja la ciencia a tierra: estas cosas suelen ir de “amor y vida”, de atraer pareja y defender los mejores lugares para alimentarse. Los investigadores incluso plantean que la cresta podría haber estado recubierta de queratina, como los cuernos de un toro, y quizá mostrara colores llamativos. Nadie puede “ver” esos colores millones de años después, pero la lógica biológica de la señal visual es sólida.El detalle de las fosas nasales y el arte de acechar bajo el aguaOtro rasgo que ayuda a imaginar su conducta es la posición de las fosas nasales. En esta especie están retraídas, más hacia atrás de lo habitual. Eso habría permitido que el animal sumergiera buena parte del hocico para vigilar y esperar, mientras seguía respirando con normalidad. Si lo trasladamos a algo moderno, es como asomarse con solo los ojos y la punta de la cabeza, intentando no delatarse. No hace falta ser un nadador oceánico para ser un depredador del agua: en aguas someras, la paciencia puede ser tan efectiva como la velocidad.Este tipo de adaptación apoya la idea de un cazador de ribera, no necesariamente de un gran buceador de mar abierto. La “gracia” del hallazgo es que la anatomía y el lugar donde se encontró van en la misma dirección.El debate sobre si Spinosaurus era totalmente acuático se enfríaDurante años, algunos científicos defendieron que Spinosaurus podía ser plenamente acuático, incluso un nadador de mar abierto que perseguía presas bajo el agua. Parte de esa hipótesis se alimentaba de dónde aparecían los fósiles de Spinosaurus aegyptiacus: zonas de Egipto y Marruecos cercanas a la costa del antiguo mar de Tetis, precursor del Mediterráneo y del Índico. Cuando un animal aparece repetidamente cerca del litoral, la imaginación —y a veces también el análisis— tiende a empujarlo hacia el océano.La novedad es que Spinosaurus mirabilis aparece muy lejos de cualquier costa: entre 500 y 1.000 kilómetros del litoral más cercano de entonces, según el reportaje de Reuters. Y no es solo geografía: la interpretación anatómica del equipo apunta a un depredador de aguas poco profundas, más de ríos y zonas inundables interiores. Sereno llega a decir que este hallazgo es el “golpe final” para la hipótesis del Spinosaurus como nadador totalmente acuático. Puede que el debate no muera de un día para otro —la ciencia rara vez cierra puertas con un solo documento—, pero el peso del nuevo dato es difícil de ignorar.La expedición: tres días de desierto para encontrar varias piezas de cráneoHay una dimensión humana que también importa: cómo se consigue la evidencia. Para la expedición de 2022, el equipo salió desde Agadez en convoy y condujo fuera de pista durante casi tres días, a menudo quedándose atascado en la arena. No es el tipo de trabajo que se hace con bata blanca y café caliente, sino con paciencia, logística y un punto de obstinación.El resultado fue encontrar partes de tres cráneos de Spinosaurus mirabilis, además de otros huesos y fósiles de diferentes criaturas. En paleontología, un fragmento bien conservado puede ser tan valioso como una pieza grande, porque algunos detalles —un borde, una cavidad, un patrón dental— son los que permiten distinguir una especie de otra. Cuando se habla de un nuevo nombre científico, la exigencia es alta: hay que demostrar que no es variación de lo ya conocido.Por qué este hallazgo importa para entender a los grandes depredadores del CretácicoEn el imaginario popular, el gran depredador suele tener cara de Tyrannosaurus rex. Pero África en el Cretácico fue un tablero distinto, con gigantes como Giganotosaurus o Carcharodontosaurus, y con un protagonista aún más raro: un carnívoro que se movía entre tierra y agua. Spinosaurus es especial porque es el único gran depredador de dinosaurios conocido con un perfil claramente semiacuático.Con Spinosaurus mirabilis, ese perfil se vuelve más preciso. Ya no hablamos solo de un “dinosaurio que a veces se metía al agua”, sino de un especialista que parece haber construido su éxito alrededor de los ríos interiores y los peces grandes, como los celacantos mencionados en la recreación artística difundida por la Universidad de Chicago. Es como descubrir que un “león” de tu cuento favorito, en realidad, vivía más como un oso pescador: sigue siendo un depredador, pero su estrategia cambia por completo.La noticia Spinosaurus mirabilis: el “ave zancuda del infierno” que obliga a repensar al gran depredador acuático fue publicada originalmente en Wwwhatsnew.com por Natalia Polo.