Cuando fallece un familiar, el duelo llega acompañado de una lista de gestiones que pueden generar cierta ansiedad. Entre certificados, solicitudes y visitas a distintas oficinas, los herederos suelen encontrarse con un laberinto administrativo que no siempre conocen: hay que ordenar documentación, acreditar quiénes son los llamados a heredar y, en general, reunir pruebas que permitan tramitar la herencia. En ese proceso, el tiempo parece correr en contra: se acumulan recibos, quedan pagos domiciliados, llegan cargos a la cuenta y aparecen dudas sobre qué se puede tocar y qué no.Seguir leyendo....