La idea de que la vida emplea leyes cuánticas parecía descabellada hace apenas veinte años. Hoy, nuevas investigaciones demuestran que plantas, bacterias y animales podrían estar aprovechando túneles, superposiciones y coherencias subatómicas para oler, captar luz o incluso orientarse. Un campo emergente está borrando las antiguas fronteras entre la física y la biología.