Cuando estalla una noticia de gran calibre, la reacción inmediata suele dividirse en dos caminos. O se acepta el relato oficial y se intenta racionalizarlo, o se asume que hay una lógica oculta y se empieza a buscar qué pieza falta. El reciente terremoto interno en Xbox ha provocado ambas cosas, pero ninguna termina de responder la pregunta central que flota desde el viernes por la tarde: ¿qué está pasando realmente dentro de Microsoft Gaming?