Hace décadas que la salud pública libra una batalla sin cuartel contra el tabaquismo. Fumar mata cada año a siete millones de personas en el mundo, se conocen al dedillo sus innumerables efectos nocivos, pero la adicción es tan poderosa que, una vez se empieza, dejarlo puede acabar siendo una odisea. Hay tratamientos para combatir el tabaquismo, pero las opciones terapéuticas son limitadas y la ciencia sigue buscando nuevas estrategias para ayudar a cortar esa dependencia que genera el hábito tabáquico. En este sentido, un estudio publicado este martes en la revista Nature Communications ha abierto un nuevo camino al descubrir unas variantes genéticas que predisponen a fumar menos. Los autores sugieren que este hallazgo podría servir como punto de partida para diseñar una nueva diana terapéutica.Seguir leyendo