Si algo hay que reprochar a Irene Montero, a Ana Redondo y al resto de cumbres de la intelectualidad es su aportación decisiva al desprestigio de la causa feminista. Han logrado que un concepto tan evidentemente justo como el feminismo se haya contaminado, por ósmosis, de su basurilla perdedora, su odio y su agresividad, hasta convertirlo en odioso. No, por desgracia feminismo no es igualdad; debería serlo, pero no lo es. Feminismo hoy es otra cosa, una amalgama de conceptos difusos, pócimas 'new age' y rencor multidireccional. Y ese batiburrillo no ha conseguido que la lucha feminista se perciba como legítima sino como odiosa. La mejor prueba de que feminismo no es igualdad es que los juzgados de familia de... Ver Más