Los misiles estaban cargados, los portaviones en posición. Solo faltaba saber cuándo y cómo comenzaría el ataque sobre Irán, telegrafiado desde que Estados Unidos trasladara al golfo Pérsico el mayor contingente de fuerzas militares desde la invasión de Irak en 2003 y arreciaran los viajes de altos cargos de la seguridad israelí a Washington. Las respuestas llegaron de la inteligencia estadounidense, según publican varios medios norteamericanos, que llevaba meses rastreando junto a sus colegas israelíes los movimientos del líder supremo de Irán y sus lugartenientes en el aparato de seguridad. En esas horas previas al ataque, la CIA trasladó a Israel con un "alto nivel de fiabilidad" que Alí Jameneí se reuniría el sábado por la mañana con sus subordinados en la sede de sus oficinas en el centro de Teherán, un gesto de extrema ingenuidad que acabó pagando muy caro.Seguir leyendo....