Durante décadas, UNO ha sido sinónimo de sobremesas tensas, amistades al límite y discusiones eternas por un “+4” mal jugado. Pero ahora el caos cambia de escenario. El clásico juego de cartas ha dado un salto inesperado al metaverso y lo hace con una ambición clara: dejar de ser solo un juego de mesa para convertirse en una experiencia competitiva de acción.