Prueben y vean que el Señor es bueno; dichosos los que en él se refugian. Salmo 34:8 Amado Padre que estás en el cielo, venimos ante ti. Con agradecimiento venimos a ti, porque una y otra vez nos ayudas. Una y otra vez has dejado que tu luz alumbre sobre nosotros, para que podamos alegrarnos y saber que nuestras vidas están en tus manos. Danos tu protección en este mundo, donde es tan necesaria. Protégenos, que la luz de vida verdadera alumbre con más y más intensidad, que alabemos tu nombre con todo nuestro corazón. Oh Dios, permanece con nosotros esta noche y toca nuestros corazones con tu Espíritu. Amén. Artículos recientes de Plough Stan Ehrlich No te van a faltar cruces No te van a faltar cruces si sigues en tu lealtad al Maestro. Leer John Ehrett Cuando los cristianos siguen a Nietzsche El entusiasmo por el ideal nietzscheano de excelencia y vitalidad humana ha provocado llamados a que guerreros cristianos viriles hagan valer su superioridad. Leer