Daniel (22) llegaba al restaurante de 'First Dates' con las ideas muy muy claras. En el plano profesional, al estudiante de ciencias políticas y derecho de Barcelona le gustaría ejercer en el derecho laboral, «la rama en la que se concentra la lucha de clases», explicó en conversación previa con Carlos Sobera. En el amor, buscaba por encima de todo «a alguien empático, que me toque la fibra y con quien poder hablar de todo». Puede ser muy atractivo físicamente, pero si no tiene algo más, no le interesa. El 'dating show' de Mediaset emparejó al catalán con Carlos (25), un consultor de marketing de Málaga afincado en Madrid en cuya carta de presentación se definía como «una persona intensa» y aspiraba a encontrar a alguien de carácter parecido. «Cuando eres intenso con alguien y la otra persona no lo es, al final le acabas aburriendo», señaló. Tuvieron impresiones disparejas al conocerse. Mientras Daniel se sentía bastante atraído sexualmente por Carlos, el malagueño ponía de manifiesto que no era su prototipo. «Es mono, pero a mí me gusta otro tipo de soltero. Que le gusten las raves, con un rollo quinqui, alguien que vaya más 'tirado'». Pese a la falta de 'feeling' entre ambos, una vez en la mesa conseguían encarrilar la conversación, manteniendo una charla animada sobre sus vidas. Todo marchaba hasta que Carlos indagaba acerca del pasado amoroso de su cita. El estudiante de ciencias políticas reconocía que le había ido muy mal en las relaciones, y que para superar las malas experiencias en el amor acudía a conciertos, como los de Taylor Swift «¿Eres swiftie?», preguntaba el malagueño con suspicacia. Y es que él se había formado su propia opinión de los fans de la cantante estadounidense. «Es una 'red flag'. Son unas personas manipuladoras. Nunca estaría con un chico 'swiftie'», sentenciaba. «Soy un swiftie chulo que no se mete con nadie», se defendía Daniel. «Nadie es perfecto», manifestaba Carlos. La pareja no parecía muy compenetrada en cuanto a cosas en común. Sin embargo, a diferencia de lo que suele ocurrir cuando la política entra en una primera cita, a elles les sirvió como lazo de unión. «¿Eres de izquierdas o de derechas?», quiso saber el consultor de marketing. «Me considero muy de izquierdas», señalaba Dani. «Yo soy de Vox», aseguraba Carlos. Su cita se lo tomaba a broma, pero empezó a creérselo al ver que el otro no se reía. Por un momento, no supo dónde meterse. Hasta que, con una carcajada y un «¿te imaginas?», el malagueño confirmaba que se estaba quedando con él. La velada llegaba a su fin, era hora de tomar la decisión final. Dani era el primero en comunicar que sí quería una segunda cita. «Considero que nos ha faltado tiempo para saber algo más de la mochila que llevamos los dos detrás. Y para saber un poco más de ti, nos hemos quedado un poco cortos». Finalmente, Carlos también aceptaba, aunque con matices. «Me gustaría conocerte más, pero creo que no ha habido esa chispa o ese sentimiento que tienes que sentir con la otra persona como para algo más. Nos veo más como amigos».