Poner en marcha un agente capaz de navegar por la web, manejar archivos, responder en mensajería y ejecutar tareas de forma autónoma suena atractivo hasta que llega la parte menos glamourosa: configurar dependencias, abrir puertos, ajustar permisos, desplegar contenedores y vigilar que el proceso no muera en silencio. Ese tramo entre la idea y un servicio estable suele ser el que separa un experimento de fin de semana de algo que pueda usarse en serio.Kilo, una startup de infraestructura de IA respaldada por Sid Sijbrandij, cofundador de GitLab, ha presentado KiloClaw como una respuesta directa a esa fricción. Según la información publicada por VentureBeat, el servicio ya está disponible de forma general y promete levantar un agente OpenClaw listo para producción en menos de un minuto. La apuesta no es solo “hacerlo fácil”, sino convertir el despliegue y la operación en algo tan predecible como encender una luz: pulsas un botón, el sistema queda “vivo”, y tú no tienes que improvisar un centro de datos casero.Qué es OpenClaw y por qué se volvió tan popular tan rápidoOpenClaw se ha hecho viral por un motivo sencillo de explicar: no se limita a conversar, también “hace”. En lugar de quedarse en respuestas de chat, puede controlar navegadores, gestionar archivos y conectarse a decenas de plataformas de mensajería. Es como pasar de un copiloto que te aconseja a uno que también mueve el volante cuando se lo pides, siempre que tengas la infraestructura y la seguridad bien configuradas.Esa popularidad tiene otra cara: cuanto más capaz es un agente, más delicado se vuelve su entorno. Un descuido típico en un despliegue local puede exponer claves de API, dejar un servicio escuchando en internet sin protección o romperse por una actualización. En la entrevista recogida por VentureBeat, el CEO de Kilo, Scott Breitenother, lo resumía con una idea que cualquiera que haya tocado DevOps entiende: lo difícil no es el software en sí, lo difícil es “tenerlo corriendo” sin sustos.La arquitectura de KiloClaw: un “piso alquilado” con cerraduras puestas por defectoUna de las decisiones centrales de KiloClaw es alejarse del patrón “un Mac mini en un despacho” o “un VPS barato que alguien configuró a medianoche”. En su lugar, usa una arquitectura basada en máquinas virtuales multi-tenant soportadas por Fly.io, un proveedor cloud orientado a desarrolladores. La idea es que cada instancia de OpenClaw corra en un entorno aislado, con controles y barreras que no dependan del buen día que tengas configurando un firewall.Breitenother describía el planteamiento como “la forma más segura de usar Claw”: KiloClaw coloca dos proxies fuera de la máquina virtual para gestionar tráfico y reducir exposición directa a internet. Si piensas en ello como una vivienda, el agente es lo que hay dentro; los proxies serían el portero y la puerta acorazada, filtrando quién entra y cómo entra. El objetivo es mitigar errores comunes: publicar sin querer un endpoint, dejar credenciales accesibles o abrir una superficie de ataque por desconocimiento.Esa capa de seguridad tiene un mensaje implícito: Kilo quiere que el salto a producción no dependa de que el usuario sea experto en redes, contenedores y buenas prácticas. Quiere que lo “correcto” ocurra por defecto.El enemigo silencioso: el “crash de las 3 a. m.” y la obsesión por estar siempre encendidoQuien haya ejecutado procesos Node.js durante horas conoce ese terror doméstico: todo parecía bien, te fuiste a dormir, y por la mañana el servicio está muerto sin avisar. VentureBeat lo describe como el “3 am crash”, un síntoma típico de alojamientos locales sin monitorización, reinicio automático ni salud del proceso.Aquí KiloClaw introduce un cambio de paradigma: no es un comando que corre cuando tú lo lanzas y se apaga cuando cierras la terminal. Es infraestructura always-on, persistente, esperando el mensaje en Slack, WhatsApp o Telegram para actuar. Es la diferencia entre una cafetera italiana que debes vigilar y una máquina automática conectada: no te quita el gusto del café, te quita la vigilancia constante.Kilo presenta estas capacidades como una especie de “exoesqueleto” para la mente, una metáfora útil porque sugiere soporte continuo, no solo potencia puntual. Con un agente siempre encendido se abren posibilidades prácticas: automatizaciones programadas, trabajo nocturno que no depende del portátil del usuario, y continuidad operativa aunque cambie el modelo de IA que hay por debajo.Memoria persistente y control desde varios canales: cuando el agente no “se olvida” al cambiar de ventanaOtro punto relevante del enfoque de KiloClaw es la memoria persistente mediante un “Memory Bank” que guarda contexto en archivos Markdown estructurados dentro del repositorio. La comparación cotidiana aquí es sencilla: es pasar de tener notas en una servilleta a tener un cuaderno compartido y ordenado. Si el agente cambia de modelo o se reinicia, esa “historia del proyecto” no desaparece porque vive como parte del propio trabajo.También resulta clave el control multiplataforma: la misma instancia puede recibir instrucciones desde un chat corporativo o desde la interfaz web, manteniendo un estado unificado. Eso reduce el caos de “tengo tres bots y ninguno sabe lo que hizo el otro”. Si los agentes van a ser herramientas de trabajo y no juguetes, ese tipo de coherencia importa.Breitenother incluso señalaba un cambio cultural interno: ingenieros que pasan de ser “máquinas de tickets” a actuar como “propietarios de producto”, dedicando más tiempo a decidir qué se construye y por qué. No es una promesa automática de productividad, pero sí un síntoma de hacia dónde están empujando estas plataformas: menos tiempo en mecánica, más tiempo en criterio.El argumento del “gateway”: más de 500 modelos sin quedar atado a uno soloOpenClaw nació muy ligado a ciertos proveedores, pero KiloClaw se apoya en el Kilo Gateway para ofrecer elección entre cientos de modelos de distintos fabricantes, incluidos modelos abiertos. La tesis es pragmática: el modelo “ideal” cambia rápido; hoy puede convenirte uno premium para tareas complejas, mañana uno más barato para operaciones rutinarias.Ese enfoque también toca un nervio sensible: el lock-in. Si una empresa teme quedar atrapada en un proveedor, la capacidad de cambiar de modelo sin rehacer toda la infraestructura es un argumento fuerte. Kilo acompaña esto con una política de precio descrita como “zero markup” en tokens, cobrando las tarifas de API de los proveedores, y un plan de suscripción (Kilo Pass) orientado a usuarios intensivos, según los datos compartidos en el mismo reportaje.PinchBench: medir agentes como se mide una cocina, no como se corrige un examenKilo no solo lanza infraestructura; también propone una brújula. Para orientar entre tantos modelos, ha liberado PinchBench, un benchmark open source centrado en tareas agenticas. Aquí la diferencia con pruebas clásicas es importante: no se evalúa “una respuesta” aislada, sino secuencias de acciones, investigación multi-fuente, gestión de calendario o generación de contenidos con pasos intermedios.Brendan O’Leary, desde Developer Relations en Kilo, explicaba que el objetivo es medir “lo que realmente le pedimos” a un agente tipo OpenClaw. Para tareas subjetivas, PinchBench recurre a un “modelo juez” de gama alta para calificar resultados con notas cualitativas. Es como un concurso de cocina: no basta con que el plato sea comestible; alguien con criterio tiene que valorar técnica, consistencia y ejecución.Una visualización destacada por O’Leary compara coste y desempeño, algo que encaja con la vida real: no siempre necesitas el modelo más brillante, necesitas el que da resultados suficientes sin disparar el presupuesto. Si el auge de los agentes se parece a contratar asistentes, PinchBench intenta responder a la pregunta incómoda: “¿cuánto me cuesta este asistente por cada tarea bien hecha?”.Un mercado con muchas variantes: por qué Kilo insiste en que no es un forkEl ecosistema alrededor de OpenClaw ya tiene ramificaciones: variantes ligeras, enfoques para VPS empresariales, proyectos que priorizan simplicidad. Kilo intenta diferenciarse con una decisión clara: no forkea el código, lo hospeda y lo mantiene actualizado como OpenClaw “real” en un entorno optimizado. Eso implica que, cuando el proyecto base avanza, el usuario no depende de hacer “git pull” ni de resolver incompatibilidades por su cuenta.Esa postura también se apoya en una idea de confianza: parte del tooling de Kilo y extensiones se mantienen bajo licencia MIT, lo que permite auditoría comunitaria. En un contexto donde los agentes interactúan con sistemas internos y credenciales, esa transparencia es más que un detalle técnico; es un factor de adopción.La lectura de fondo: la “vibe coding” necesita cimientos, no solo modelosKiloClaw llega en un momento en que el desarrollo asistido por IA se está volviendo más conversacional, más directo, más “hazlo por mí”. La tentación es pensar que todo depende del modelo, pero el uso productivo depende igual de la fontanería: aislamiento, redes, reinicios, control de acceso, trazabilidad. Kilo intenta colocar esas piezas como parte del producto, no como una tarea pendiente del usuario.Según VentureBeat, Kilo habla de miles de desarrolladores en lista de espera y ofrece días de cómputo gratis para nuevos usuarios, un incentivo típico para acelerar pruebas. El verdadero examen será cotidiano: que el agente no se caiga, que no exponga secretos, que sea fácil de gobernar en equipos y que escale sin convertirse en un experimento permanente. Si lo logra, su propuesta no es “magia”, es algo más útil: convertir una herramienta potente en una herramienta confiable.La noticia KiloClaw, la forma “en 60 segundos” de poner un agente OpenClaw en producción sin pelearte con servidores fue publicada originalmente en Wwwhatsnew.com por Natalia Polo.