Durante la semana pasada se habló mucho de cine a propósito de la celebración de los premios Goya. Las cintas que atesoraron mayor número de cabezones regresarán a las salas en busca de una nueva vida. ¿Pero qué salas? O, incluso más allá, ¿qué pantallas? Porque lo cierto es que el mapa de los espacios de proyección cada vez es más limitado y diferente desde hace no tanto tiempo. ¿Qué ha pasado? Los hábitos y las formas de consumo han variado mucho. La llegada de gigantes como Netflix o Disney, con inéditos modelos de negocio, y la costumbre de consumir películas en todo tipo de dispositivos han influido en la asistencia a salas, lo que ha generado cierres o cambios a la hora de gestionar este tipo de espacios. Esa cifra de 7,3 pantallas por cada 100.000 habitantes en 2024, de hecho, muestra el cambio desde entonces, que ha implicado que en este siglo el modelo de exhibición se haya concentrado en menos manos y en complejos de mayor tamaño, reduciendo la capilaridad territorial, la presencia en municipios pequeños, pero manteniendo una oferta relativamente estable en términos absolutos. Con los datos del último anuario del cine que elabora el Ministerio de Cultura, que data de 2023, se extrae que en 20 años solo han crecido los multicines con más de 8 pantallas… …y son ya un 21,5% del total. De hecho, estos multicines congregan la mitad de las pantallas del país. Es decir, que en ese descenso de pantallas por habitante también pesa el crecimiento demográfico: hay un 12% más de población que hace dos décadas. El número de pantallas no ha podido seguir el ritmo y, en paralelo, la infraestructura se ha concentrado: hoy hay un 30% menos de salas que entonces. ¿El resultado? Ahora hay casi el doble de pantallas por sala de cine que a principios de siglo. En cuanto a habitantes, La Rioja y Navarra se colocan a la cabeza en estos ratios, rozando las 10 pantallas por cada 100.000 vecinos, mientras que Extremadura ronda las cuatro. Y allá donde había más pantallas, ahora la caída es más pronunciada. En La Rioja el ratio ha caído casi un 43% –Los cines Moderno, con siete salas en Logroño, cerraron en noviembre de 2020, en plena pandemia–, bajada cercana a la de Navarra (-38,5%). Son mercados pequeños con mucha oferta relativa entonces, lo que amplifica el ajuste porcentual. En las ciudades autónomas, ahora son dos terceras partes menos (-66,2%, dato agregado). Y en general, en todas las comunidades bajan, sin excepción, siendo Murcia la que menos (-8,5%). Lo excepcional es que se inicien negocios de este tipo. Un ejemplo serían los Embajadores de Madrid, que están expandiéndose por ciudades del norte de España. Pero no es la dinámica habitual. El centro de Pamplona se ha quedado sin salas. Los cines Olite se clausuraron en febrero de 2014, mientras que el Carlos III hizo lo mismo en marzo de 2016. El Rex en Murcia, La Loma en Jaén o el Capitol en Bilbao son otros de los que se han despedido en los últimos años. En Soria, el antiguo cine Rex, que cerró en 2012, ha encontrado una segunda vida como restaurante temático, conservando parte de su estética original. Un proyecto que ha mantenido en parte la historia del lugar que lo acoge, incluso con la pantalla de proyección. Es un destino, el del cierre, que se ha repetido con frecuencia y que marca una tendencia difícil de parar. Si es una constante en poblaciones grandes, en núcleos rurales es más dramático. El Paramés era uno de los pocos cines de pueblo que quedaban en León y hace unas semanas cesó su actividad. Es uno más, pero sigue los pasos de otros muchos que no encuentran público suficiente para continuar. En los anuarios de Cine del Ministerio de Cultura se pueden extraer los datos de establecimientos y pantallas por municipio. El último informe disponible corresponde al año 2023 y este diario ha comparado esa foto fija con la de 2006, primer año con datos pueblo a pueblo. Son 676 municipios con cines que han ofrecido información entre ambos años y el análisis revela una situación equilibrada: un 22,9% tienen menos pantallas en 2023 y un 23,2% con más. ¿Por qué estos negocios han dejado de ser viables? Un punto de inflexión fue la pandemia. Han transcurrido seis años desde que la covid obligase a echar la persiana de estos locales y desde entonces no han recuperado ni los datos de asistencia ni de facturación. La taquilla española en 2025 cerró con 65 millones de espectadores y 450 millones de euros de recaudación total, lo que supone una caída del 8% en asistencia respecto al año anterior. Uno de los principales problemas es que cuesta fidelizar al público más joven, acostumbrado ahora a otros formatos, como las series, y sobre todo a consumir lo que les apetece en el móvil y en el ordenador de casa. Siguen siendo los que más acuden, bono cultural mediante para los que cumplen 18 en el año el curso, pero sus números no han llegado al momento previo a la pandemia. Mientras, se repiten las ayudas para fomentar el acceso al cine de las personas de 65 años o más. Si repasamos las películas que estaban más nominadas en los Goya descubrimos un resultado desigual entre ellas. La que más espectadores ha atraído a las salas ha sido 'Los domingos', que ha obtenido más de 4 millones de euros en su exhibición. 'Sirat' y 'La cena' también han funcionado. El rendimiento de 'Maspalomas' y 'Sorda' ha sido menor. El ministerio también recoge, municipio a municipio, el registro de empresas de cine por tipo y entre ellas están los titulares de exhibición. Los datos arrojan una situación paradójica, puesto que indican que Madrid es la que menos tiene respecto a su número total de habitantes (7,8 por cada 100.000 habitantes) y Extremadura la que más (44,7). Parece lógico pensar que a más titulares de exhibición, más auge de las salas de cine, pero Extremadura es la excepción, primera en número de exhibidores y última en pantallas, sin contar Ceuta y Melilla, en términos de población. En el otro extremo encontramos el País Vasco, tercero a la cabeza en pantallas, y segundo junto a Cataluña a la cola en exhibidores.