A las montañas levanto mis ojos; ¿de dónde ha de venir mi ayuda? Mi ayuda proviene del Señor, creador del cielo y de la tierra. Salmo 121:1-2 Señor nuestro Dios, nuestro refugio eterno, bendícenos cuando nos reunimos en tu presencia y nos volvemos a ti. Que seamos tus hijos, quienes sencillamente podemos creer y permanecer firmes en nuestras vidas y en nuestro llamamiento. Te damos gracias por darnos tu gracia y tu constante ayuda. En tu gracia podemos alegrarnos, alabando y honrándote a ti. Tú eres nuestro Padre, nunca nos abandonas. Que tu nombre sea alabado por todos nosotros. Alabado en lo alto y en el mundo entero, para que toda persona pueda reconocerte y recibir de ti lo que necesita. Amén. Artículos recientes de Plough John Ehrett Cuando los cristianos siguen a Nietzsche El entusiasmo por el ideal nietzscheano de excelencia y vitalidad humana ha provocado llamados a que guerreros cristianos viriles hagan valer su superioridad. Leer Barbara Cawthorne Crafton Viviendo la cuaresma ¿Cuándo se produjo la colisión entre nuestros apetitos y las necesidades de nuestras almas? Leer