Las Vegas, 1970. Embutido en su emblemático traje blanco de altas solapas, Elvis Presley sale al escenario del International Hotel, donde lleva dos años actuando, ante una audiencia de 2.200 personas —el establecimiento acogía el recinto para espectáculos más grande de la ciudad aquellos días— compuesta por entusiastas de toda la vida y famosos como Cary Grant o Sammy Davis, Jr. que no quieren perderse en concierto a quien ya se conoce como el Rey del Rock and Roll. Elvis irrumpe en escena; está en plena forma: canta con potencia volcánica, luce excelente tono físico, bromea, incluso durante las canciones, con músicos y coristas —entre quienes están las Sweet Inspirations, con Cissy Houston, madre de Whitney, a bordo— y bendice con besos en los labios a toda acérrima seguidora que consigue estrujarlo. Se le ve pletórico, haciendo lo que más le gusta: alegrar al público a través de la música. El éxito es apoteósico.Seguir leyendo